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Desarrollo

Noviembre 21, 2016

La gran epidemia del siglo XXI

Conferencia Magistral de la Excelentísima Señora Vicepresidenta de la República Dominicana, doctora Margarita Cedeño de Fernández, en el marco del Tercer Foro Global sobre Equidad de Género.

Ciudad de Panamá, Panamá, 21 de noviembre de 2016.

  • Es urgente abordar la desigualdad de género, desde los distintos enfoques que la alimentan: la discriminación salarial, el cierre de brechas en participación política de las mujeres, la necesidad de capacitación técnico-profesional, la economía de cuidado, y el combate a las prácticas discriminatorias enquistadas en nuestras sociedades.
  • La desigualdad social crece exponencialmente cuando se trata de la mujer, cuando a la exclusión por género se le agregan condiciones geográficas, de edad, raza, clase, nacionalidad y hasta estatus civil.
  • De las 800 mil familias beneficiarias de PROSOLI, el 67% está conformado por mujeres que son Jefas de familia.
  • Si tomamos en cuenta que la integración plena de la mujer en la economía aumentaría el PIB mundial en alrededor de un 26%.

Amigos y amigas:

La gran epidemia del siglo XXI es la desigualdad social.

Si seguimos fallando en otorgar a la gente oportunidades para que mejoren sus vidas, vamos a paralizar el presente y a embargar el futuro de la humanidad.

Si no somos exitosos en la batalla contra la desigualdad, estaremos condenando a las generaciones futuras a vivir en un planeta sin paz.

Una de las dimensiones de esa desigualdad social que persiste, es la desigualdad de género.

Es urgente abordar la desigualdad de género, desde los distintos enfoques que la alimentan: la discriminación salarial, el cierre de brechas en participación política de las mujeres, la necesidad de capacitación técnico-profesional, la economía de cuidado, y el combate a las prácticas discriminatorias enquistadas en nuestras sociedades.

Las estadísticas reflejan que la mujer aún juega un papel secundario en el mundo.

La promesa de progreso que encierra la equidad de género, sigue siendo eso, una promesa, que sin nuestro esfuerzo y nuestra dedicación, no será nunca una realidad.

Cada día tenemos que hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué puedo hacer hoy para aportar a que la equidad de género sea una realidad?

Yo estoy convencida de que allí donde hay mujeres empoderadas, las sociedades progresan.

Porque es que con el avance de la mujer, viene el progreso de su familia, de su comunidad y su país.

Y aunque debo reconocer que hoy en día, muchas mujeres estamos dando pasos certeros hacia el desarrollo personal y profesional, tanto en el ámbito público como privado, no menos cierto es que por cada mujer que logra ocupar el espacio que le corresponde en la sociedad, hay miles más que están esperando una oportunidad.

El avance de la mujer no va al ritmo que aspiramos.

La desigualdad social crece exponencialmente cuando se trata de la mujer, cuando a la exclusión por género se le agregan condiciones geográficas, de edad, raza, clase, nacionalidad y hasta estatus civil.

Un ejemplo de ello es feminización de la pobreza.

El 70% de las personas que viven en pobreza en América Latina y El Caribe son mujeres.

Las que logran participar del mercado laboral, se enfrentan a trabajos no seguros y mal pagados, a la informalidad, a dificultades para acceder a bienes económico y servicios financieros, así como la reproducción de roles de cuidado expresados en tareas domésticas y responsabilidades familiares.

Son factores que excluyen a las mujeres en todo el mundo de las oportunidades de progreso y desarrollo, lo que repercute directamente en sus familias y en comunidades enteras.

Esto es así, a pesar de que hoy en día somos mayoría en las escuelas y universidades, a que obtenemos mejores calificaciones en todas las áreas, a la vez que desempeñamos el importante rol del cuidado familiar.

El riesgo que presenta la desigualdad de género es grave, si nuestras sociedades insisten en excluir a la mitad de la población del acceso a oportunidades de bienestar, de capacitación y de productividad.

Habrá un impacto negativo en el desempeño económico de nuestros países, pero más que nada, pondremos en grave riesgo nuestro capital social.

Si América Latina continúa a espaldas de la mujer, estará condenada a seguir siendo la región más desigual del planeta.

Amigos y amigas:

El panorama global de la desigualdad de género es el fundamento que ha llevado a la construcción de una agenda multidimensional, que ya conocemos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y que otorga un espacio prominente a la lucha contra la desigualdad de género.

No es solo una decisión económica de gran importancia, si tomamos en cuenta que la integración plena de la mujer en la economía aumentaría el PIB mundial en alrededor de un 26%.

Es una decisión de justicia social, ante el aumento del abuso sexual, la violencia de género, la trata de personas, el quebrantamiento del núcleo familiar, el hacinamiento, la discriminación salarial, y otros tantos factores que actúan contra la mujer como un verdugo ante su presa.

Recuerdo la historia de Griselda, una valerosa mujer dominicana de Puerto Plata, que luchó por salir de las garras de la discriminación y la explotación sexual.

Griselda se capacitó en nuestros cursos, aprendió varios oficios y hoy es una exitosa micro-emprendedora, que ha descubierto su fuerza interior para llevar progreso a su familia.

Tal como ella nos relata: “como la mujer maravilla yo me siento, yo pensaba que nunca iba a llegar donde estoy, de ahora en adelante, yo soy yo”.

Les invito a ver su historia, en nuestras redes sociales.

La de ella y la de cientos de miles de mujeres en nuestros países, son ejemplos inspiradores de lucha por nuestros derechos y por un futuro mejor para toda la humanidad.

Me siento feliz de construir esperanza y ayudar a miles de mujeres a descubrir su fortaleza interior y su capacidad para convertirse en protagonistas de su propio desarrollo.

Eso lo hacemos a través de Progresando Con Solidaridad, la estrategia modelo de desarrollo humano integral y de reducción de pobreza que implemento desde la Vicepresidencia y que beneficia a más de 800,000 familias en extrema pobreza, carenciadas y vulnerables de todo el país.

Progresando Con Solidaridad combina las transferencias monetarias condicionadas, con un acompañamiento socio familiar y vinculación a intervenciones de desarrollo familiar y comunitario.

De las 800 mil familias beneficiarias de PROSOLI, el 67% está conformado por mujeres que son Jefas de familia.

Es decir, dos de cada tres familias beneficiarias que reciben las TMC son encabezadas por mujeres, de las cuales el 75% son madres solteras.

Con Progresando con Solidaridad estamos combatiendo la desigualdad, trabajando día y noche para elevar los niveles de capital humano, protección social y ejercicio de derechos; y mejorar el bienestar de las generaciones futuras, dando protagonismo al avance y desarrollo de las mujeres.

Nos enfocamos en la mujer, porque las evaluaciones realizadas a programas de protección social, como el nuestro, demuestran que las mujeres dedican un mayor porcentaje de sus ingresos a la educación, la salud y la nutrición para el hogar, reduciendo así la transmisión intergeneracional de la pobreza.

Esta grata experiencia nos ha llevado a desarrollar un proyecto de piso de protección social de género, es decir, una propuesta para la universalización de la protección social hacia las mujeres, como un modelo que sirva para la efectiva atención a las mujeres en todas sus etapas de desarrollo, desde la política social.

En esa tarea, contamos con el apoyo y la colaboración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Organización Internacional del Trabajo, así como de instituciones nacionales como el Ministerio de la Mujer.

Distinguidos colegas:

Promuevo mucho la independencia económica de la mujer, por considerar que es vital para alcanzar la igualdad de género.

Incrementar la participación femenina en la fuerza laboral genera un mayor crecimiento del ingreso per cápita y reduce la vulnerabilidad a la pobreza y a la miseria de familias completas.

La historia moderna ha demostrado que el comportamiento de la economía y las reacciones del mercado laboral, son las que condicionan el desarrollo social.

Si queremos proporcionar un medio de vida digno y seguro a la mujer, habilitarlas para la toma de decisiones y para el empoderamiento personal, entonces tenemos que poner en sus manos la más potente herramienta de empoderamiento: el trabajo.

Eso requiere establecer estrategias para abordar la alta tasa de desocupación femenina, que triplica la de los hombres.

Además, requiere propiciar la participación de la mujer en los sectores de la economía que más potencial de crecimiento tienen, preparándose en ese sentido.

Las investigaciones realizadas en nuestro país indican que el sector servicios es un área donde este fenómeno se presente positivamente, estimándose que para el 2025 habremos alcanzado la paridad de género en este sector de la economía.

Sin embargo, en el sector industria, observamos una disminución importante de la participación femenina, pasando de un 28% en el año 2000 a un 20% en el año 2015.

En general, se observa una separación ocupacional entre hombres y mujeres similar en todos nuestros países, donde hay una presencia femenina más alta en el sector servicios en contraste a lo que sucede en otras ramas mejor remuneradas y con puestos de mayor calidad.

A esta realidad, hay que sumarle el constante decrecimiento del ingreso salarial de las mujeres, mayor que el de los hombres, debido a la brecha salarial, que en el caso de la República Dominicana ronda el 20 por ciento.

A nivel mundial se estima que las mujeres podrían aumentar sus ingresos hasta en un 76 por ciento, si se superara la brecha en la participación en el empleo y la brecha salarial entre mujeres y hombres.

Para las mujeres que están en el sector informal, que son la mayoría, la brecha es mayor que el promedio.

Mientras las mujeres ocupadas en el sector formal ganaron el 83% del ingreso laboral de los hombres en el periodo 2000-2014, en el sector informal la proporción de sus ingresos respecto a los hombres representó solo el 65%.

Estas cifras se repiten en todos nuestros países, con ligeras variaciones.

Es por eso que, como región, debemos asumir un compromiso con el principio de igual salario por igual trabajo.

No hay justificación para esta desigualdad.

Por eso, he propuesto al Presidente de la República, y así figura en el plan de gobierno actual, someter una iniciativa legislativa que condene la discriminación salarial por género y establezca los mecanismos correspondientes para judicializar cuando esta suceda.

Considero que es un mensaje claro que incidirá de manera positiva, para que las próximas generaciones de mujeres tengan un mayor acceso a los puestos de trabajo, en condiciones justas.

Este Foro, y otros como este, son oportunidades para impulsar modelos de generación de desarrollo humano integral y empoderamiento económico enfocados hacia la mujer.

Debemos asumir un compromiso con la igualdad de género entre el Estado y el sector privado, porque beneficia a ambos de igual manera, y, sobre todo, beneficia a toda la sociedad.

El sector empresarial juega un rol fundamental en el componente de equidad de género que contempla la ambiciosa Agenda 2030.

Para que nadie se quede atrás, para que vayamos más allá del ingreso, para que el ingreso se inclusivo y pueda contribuir al bienestar de la gente, se requiere una gran alianza público-privada, para abordar los temas que impactan a la mujer.

No habrá más progreso económico y social para la humanidad, si se sigue relegando a la mujer.

Amigos y amigas:

Felicito la celebración de este gran evento. Reunir al sector público y al sector privado en torno a este tema de tanta importancia, aporta al avance de nuestra región.

Quiero reconocer a sus organizadores y agradecer al Gobierno de Panamá su acostumbrada hospitalidad.

Estuve aquí hace apenas un mes desarrollando una amplia agenda con su Vicepresidenta, mi amiga Isabel de Saint Malo, una extraordinaria mujer que está luchando aquí por estos temas de tanta importancia.

Para finalizar, quiero recordar un suceso histórico de gran relevancia para la mujer.

Hace 20 años, en el 1995 se celebró en Beijing la Cuarta Conferencia de la Mujer, un hito que marcó un nuevo camino en la lucha por la equidad de género.

En aquella cita histórica, una mujer, entonces poco conocida para el mundo occidental, pronunció un importante discurso.

Me refiero a Benazir Bhutto, una mujer que vivía en cuerpo y alma la represión de un régimen y de una cultura que ignora el rol de la mujer en la sociedad.

En aquel discurso ella nos invitaba a soñar en un mundo de oportunidades, donde la mujer pudiese alcanzar el más alto nivel en la política, en los negocios, en la diplomacia, en la cultura y en todas las esferas de la vida.

Nos invitaba a soñar n un mundo donde no hubiese mujeres maltratadas, en donde el empoderamiento femenino resultara en una mayor independencia económica para la mujer.

En un mundo tan comprometido con la paz como con la libertad de la mujer.

En fin, hace 20 años Benazir nos invitaba a soñar en un mundo dispuesto a combatir la tragedia y la catástrofe que representa la desigualdad de género.

Todavía resuenan las palabras de Goethe, el escritor alemán, que decía que “la libertad debe rehacerse y ganarse nueva vez, en cada generación”.

Ganarnos la libertad para las mujeres de nuestra generación y de quienes nos sucederán, no puede esperar más.

El momento de la igualdad entre hombres y mujeres es AHORA; el momento de poner fin a la violencia de género es AHORA; el momento de crear mayores y mejores oportunidades para la mujer es AHORA.

El momento de la MUJER es AHORA porque El progreso de las mujeres es el progreso de todos y todas!

¡Muchas Gracias! ¡Qué Dios les bendiga!